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1 mar. 2012

Ecos del último concierto "simpático"...

VIERNES BRUTAL

El Viernes 24 de Febrero me dirigía hacia la sala Gruta77, el motivo que me movía a ello era la curiosidad que había creado en mi el libro “Simpatía por el relato. Antología de cuentos escritos por rockeros.” Y para que vamos a engañarnos, los conciertos también eran una buena excusa. A las 23:00 ya estábamos religiosamente Elune y yo, preparadas para lo que empezaría a cocerse dentro de esa pequeña sala de conciertos. Después de un rato de charla por fin se subió al escenario Juan Abarca (cantante de Mama Ladilla y Engendro) con su guitarra, y comenzó a cantar aquella de Estaba el majara.

He de decir que desde hace años que tengo ganas de ver a Mama Ladilla y por unas u otras jamás e podido hacerlo, por lo que ver a Juan en solitario me hacía particular ilusión. La verdad que, aunque quede muy de peloteo, sólo tengo alabanzas para él. Nos hizo pasar un rato super divertido, nadie en toda la sala era capaz de reprimir las risas (que pensándolo bien, ¿por qué iban ha hacerlo?), andábamos todos descojonados y es que más que un concierto eso era un monologo musical. Haciéndonos reír con sus historias cantadas, recuerdo algo que canto sobre que si un guitarrista se confundía de nota le sacrificaban los medios, y los fans “te azotan”.


Y al ratito el pobre se confundió, pero es que yo creo que hacer lo que hace él debe de estar al alcance de muy pocos, porque si ya de por si tocar y cantar tiene su intringulis tocar y cantar lo suyo debe de ser, y perdonarme la expresión, jodido de pelotas. Hubo momentos que me parecieron especialmente divertidos como “You really got me deconstruida”, que realmente daba la sensación de que se iba deshaciendo a cada silaba, y la versión de “Princess of the nigth” a... lo country? Y como buen guitarrista paró para afinar su preciado instrumento en medio del concierto, lo cual da pie a muchos chistes que, pensándolo bien, me ahorrare. El show acabó con Juan leyendo unos cuantos poemas de su cosecha de los cuales uno de ellos me encantó, el tiquismiquis. Creo que no me quemo si digo que nos dejó a todos los presentes con muy buen sabor de boca, por mi parte me desquité un poco de la amargura de no haber podido ver nunca a Mama Ladilla al escuchar “Mofándose están”.


Aprovechamos la pausa y arrastré a mi compi hasta la entrada para poder fumar un cigarrito, cuando volvimos a entrar Esteban Gutierrez, Patxi Irurzun (los responsables de crear la antología) y un tipo de una de las asociaciones a las que va dirigido el porcentaje que corresponde a los derechos de autor, se encontraban en el escenario dedicándonos unas palabras para después dar paso al grupo Turrones.


Realmente mientras veíamos el concierto, pensaba en qué iba a escribir sobre ellos. No tenía nada malo que decir, pero tampoco nada bueno. No había escuchado nunca a esta banda, ni si quiera había oído hablar de ella antes de ver el cartel de Simpatía por el relato. Mi impresión, y espero no molestar a nadie, es que era un grupo perfecto para ponerlos a tocar de fondo en un bar. Ellos lo daban todo, pero creo que el público estaba esperando a los siguientes... Entre la multitud se veía gente bostezar y mirar el reloj. Recuerdo que le comente a Elune que al principio de la actuación, cuando acababan las canciones, nadie aplaudía. Pienso que debió de darle palo a alguien y empezaron a oírse algunos aplausos aislados. Y volví a pensar, son buenos pero les falta algo.

 
Después de otro convenido pitillo, entramos aun con más ganas para poder ver a los grandes de la noche, y a los que en particular tenía ganas de ver, Panzer. Y de repente el Heavy lleno la sala, ahí estábamos empezando a cantar con aquella que empieza “Quise hacer una canción con el grito de guerra de mi generación...” y nos fundimos en un solo grito.

 
La verdad es que aunque la voz de Pina no sea la misma que, por mi corta edad, puedo escuchar en los discos, no es un impedimento para que vibre, cante y goce cuando tengo la oportunidad de verles. Por mi parte no se dejaron ninguna canción en el tintero, “Perro viejo”, “Junto a ti”, “Fuego Prohibido”, “Dios del Rock”, “Toca madera”, “No hay quién nos pare”... surgían una tras otra dentro de un buen rollo que solo puede dar una sala pequeña, y es que allí habíamos ido a pasárnoslo bien. Hubo un momento en el que Carlos, que ya había hecho algún comentario sobre los '80 preguntó cuántas personas había en los 20, a lo cual levantamos la mano 5 personas. Hizo lo mismo con los 30 y se vieron alguna mas y cuando dijo los 40 reinaron las manos en el aire. Estas cosas son por las que a algunos le da por ponerse catastróficos y pensar que el Heavy muere... Pero estábamos de celebración, no para pensar en esas cosas. El concierto fluyó sin ningún tipo de trastorno, para terminar por todo lo alto como siempre.

Ya una vez acabado todo, rozando las 4 de la mañana (hora inusual en un concierto en la capital) conseguí pillar a Carlos Pina con mi ‘”antología’’ en una mano y mi boli en la otra, para pedirle un autógrafo.

Solo tengo que decir que, nosotros no os aguantamos, os disfrutamos, sois vosotros quienes tenéis que aguantar a gente pesada como yo que pide que le firmes un papel.

Escrito por Kit.

1 comentario:

  1. Genial experiencia! acabo de descubrir el blog, muy bueno!. Saludos y éxitos en los próximos conciertos :)

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